07 Aug 2026
DIOS, Fe, diversidad religiosa y poder: un hecho sin precedentes marcó la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella.
Un pastor evangélico, un rabino y representantes de las tradiciones católica y cristiana participaron en un momento de invocación y alabanza durante la ceremonia presidencial, generando reacciones y abriendo nuevamente el debate sobre la relación entre fe y Estado en Colombia.
Colombia vivió un momento poco habitual en su historia política reciente. Durante la ceremonia de posesión del presidente Abelardo de la Espriella, la espiritualidad y la política compartieron escenario cuando representantes de diferentes tradiciones religiosas participaron en un espacio denominado “invocación y alabanza”.
Aunque Colombia es constitucionalmente un Estado laico, la ceremonia incluyó la participación de líderes religiosos de distintas confesiones, entre ellos el rabino sefardí David Michan, el pastor evangélico Eduardo Cañas, el capellán de la Presidencia Álvaro Duarte Torres y el monseñor Francisco Javier Múnera, presidente de la Conferencia Episcopal.
El momento llamó especialmente la atención porque reunió en un mismo escenario a voces provenientes del judaísmo, el cristianismo evangélico y la Iglesia católica, en una expresión pública de oración y bendición por el nuevo gobierno.
Un momento de oración en medio de la posesión
La ceremonia tuvo uno de sus momentos más particulares cuando el auditorio quedó en penumbra y una imagen de la Virgen de Fátima permaneció iluminada junto a la tarima principal.
Posteriormente, la cantante Maia interpretó Aleluya, de Leonard Cohen, una canción que ya había acompañado algunos acontecimientos relacionados con la campaña presidencial.
La programación continuó con las intervenciones de los líderes religiosos, quienes elevaron mensajes relacionados con la fe, la nación y el futuro de Colombia.
El rabino David Michan fue el primero en intervenir y cerró su participación con una expresión que generó especial atención:
“Viva Colombia, viva Israel”.
Posteriormente tomó la palabra el pastor Eduardo Cañas, Partor principal de la Iglesia Evangélica Manantial de la ciudad de Bogota y una figura conocida dentro del ámbito político y cristiano del país, pues fue el fundador del partido cristiano Colombia Justa Libres.
También participaron el capellán presidencial Álvaro Duarte Torres y el monseñor Francisco Javier Múnera, presidente de la Conferencia Episcopal.
¿Qué significa este momento para Colombia?
La presencia de líderes religiosos en una ceremonia presidencial abrió un debate que va más allá de una simple ceremonia protocolaria: ¿hasta dónde puede participar la religión en los actos oficiales de un Estado laico?
La Constitución Política de Colombia garantiza la libertad religiosa y de cultos, al tiempo que establece que ninguna religión puede ser considerada oficialmente como la religión del Estado.
Por esta razón, algunos sectores políticos y sociales cuestionaron la inclusión de este espacio religioso dentro de una ceremonia oficial.
La senadora Jennifer Pedraza, por ejemplo, manifestó su desacuerdo y consideró que este tipo de actos podrían representar una amenaza para la separación entre el Estado y las instituciones religiosas.
Sin embargo, para otros sectores, la participación de diferentes expresiones religiosas puede interpretarse como una manifestación de la libertad de culto y de la diversidad espiritual existente en Colombia, siempre que no se imponga una creencia particular sobre el conjunto de la sociedad.
Una Colombia donde la fe tiene una fuerte presencia
El debate adquiere una dimensión especial en un país donde la religión continúa teniendo una importante influencia cultural y social.
Durante su campaña, De la Espriella hizo públicas en diferentes oportunidades sus convicciones de fe y su cercanía con sectores cristianos. Incluso utilizó en algunos de sus discursos referencias bíblicas y la figura de Ciro, personaje del Antiguo Testamento que ha adquirido especial significado dentro de determinados sectores del cristianismo evangélico.
Esto ha generado expectativas entre comunidades cristianas que esperan que el nuevo gobierno promueva principios como la defensa de la familia, la libertad religiosa, la protección de la vida y el respeto por las convicciones de los creyentes.
Al mismo tiempo, otros sectores han expresado preocupación ante la posibilidad de que las creencias religiosas tengan una influencia excesiva en las decisiones del Estado.
Fe, oración y responsabilidad
Más allá de las posiciones políticas, el episodio deja una reflexión importante para la Iglesia: orar por quienes gobiernan no significa que la Iglesia deba convertirse en un instrumento político.
La Biblia establece:
“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia.”
1 Timoteo 2:1-2
La responsabilidad de los cristianos, por tanto, también implica orar por las autoridades, pedir sabiduría para quienes toman decisiones y actuar con respeto hacia quienes piensan diferente.
Jesús enseñó:
“Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.”
Mateo 22:21
Una enseñanza que recuerda que la fe puede participar activamente en la sociedad sin perder su esencia ni confundir el poder político con el Reino de Dios.
Una imagen que quedará para la historia
La participación conjunta de un rabino, un pastor evangélico y representantes de la Iglesia católica convirtió esta posesión presidencial en una escena particularmente significativa para Colombia.
Para algunos, representa una oportunidad de unidad, oración y reconocimiento de la diversidad religiosa; para otros, plantea interrogantes sobre los límites que deben existir entre la religión y el Estado.
Lo cierto es que el episodio vuelve a colocar una pregunta sobre la mesa nacional: ¿qué lugar debe ocupar la fe en la vida pública de una nación?
Para millones de creyentes, la respuesta no está en conquistar el poder, sino en orar por quienes lo ejercen y procurar que sus decisiones estén acompañadas de justicia, sabiduría, verdad y respeto por la dignidad humana.
“Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra.”
Proverbios 29:2
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